Hasta mediados del siglo XX, y en algunas zonas rurales y hasta los años sesenta y setenta, apenas se utilizaba la moneda en la vida cotidiana. En una población con un alto grado de analfabecitación, la gente hacia sus compras diariamente sin emplear dinero ni escribir una sola cifra en un papel, mediante un sistema de crédito basado en el fiado y en la confianza entre los vecinos de la comunidad. En el mundo rural, el dinero solo estaba disponible en determinadas fechas que coincidían con la terminación de la cosecha, cuando se vendía el cereal, el vino, la aceituna o el ganado. Mientras tanto, se vivía fiado y, con el cobro, se pagaban las deudas. No es casualidad que la palabra fiado, fianza, confianza y fiar comparten la misma raíz latina: fides, la fe. Quien no pagaba sus deudas, además de perder el crédito de la tienda, perdía la estima de sus vecinos.
El método más empleado era el de la tarja. ElDiccio nario de Autoridades (RAE, 1726-1739) denominaba tarja a "un palo de madera, partido por medio, con un encaxe à los extremos, para ir marcando lo que se saca, ò compra fiado, haciendo una muesca: y la mitad del listón se lleva el que compra, y la otra el que vende: y al tiempo del ajuste, se conforman las muescas de uno, y otro, para que no haya engaño en la cuenta". María Moliner la describe como: "Caña o palo partido longitudinalmente de modo que ambas partes se puedan casar siempre en la misma forma, que se empleaba para anotar las ventas al fiado, haciéndolo con una muesca marcada en ambas partes a la vez, quedándose una parte el acreedor y la otra el deudor". Sus sinónimos eran taja, tarra y tarraja. Este sistema de crédito se utilizó durante siglos en España y en toda Europa mediaval, especialmente en zonas con baja alfabecitación. En Inglaterra se llamaba tally stick y, con el tiempo, daría lugar a la palabra stock. La tarja, al partirse en dos mitades hacía prácticamente imposible la falsificación: si alguien añadía muescas fraudulentas en su mitad, estas no aparecerían en la mitad del otro, y el engaño quedaba al descubierto al juntar las dos piezas. Era, en definitiva, un sistema de doble registro.
Cada oficio, comercio y tipo de relación económica generó su propia forma de contar y fiar, adaptada a cada transacción. En todos los casos, debía recordarse el dicho aragonés. "Que la estufa no esté en el mismo mueble que la tarja".
El panadero, que vendía un producto diario, barato y de cantidad fija (un pan, dos panes), usaba la tarja, donde se hacía una muesca en forma de "V" por cada pan entregado. Una mitad la guardaba el panadero y la otra la mujer que hacía la compra. Al llegar la paga se juntaban las dos mitades, se contaban las muescas y se saldaba la cuenta. También se le hacía una marca para saber de quien era. En Castilla, hasta mediados del siglo XX, se utilizó la tarja del pan, consistente en un prisma de madera de sección cuadrangular y medio metro de longitud, con cuatro aristas. En ella se hacía una muesca por cada pan entregado. Cuando se completaba una arista, se continuaba con la siguiente.
El carnicero usaba la tarja con un código de muescas diferente: media muesca por un cuarto de kilo y una muesca entera por medio kilo. Se documenta su uso en Obón, Plenas y Samper de Calanda, donde, en 1803, solo se daba tarja al vecino que dispusiera el ayuntamiento, para facilitar el cobro. En las aldeas de Arcos de Jalón, desde San Juan hasta el mes de octubre, los carniceros repartían carne entre los vecinos utilizando una tarja con un cuño marcado que dificultaba su falsificación.
El herrero, que trabaja que funcionaba bajo el sistema de conducta o iguala, trabajaba mediante un acuerdo anual, a menudo pactado por el propio concejo del pueblo, por lo cual cada vecino pagaba una cantidad fija en especie a cambio de todos los servicios de herrería que necesitara durante el año.
El tabernero recurría a métodos más directos: círculos de carbón trazados sobre la pared de yeso del estblecimiento, de distinto diámetro según el importe de la deuda. En la taberna del tío Bienvenido de La Codoñera, el círculo más pequeño equivalía a 5 céntimos; otros representaban 10 céntimos y el mayor, llamado "duro", correspondía a 5 pesetas. Cuando se pagaba la deuda, el círculo se borraba con la mano. En otras tabernas rurales se utilizaba el sistema de cuatro rayas verticales cruzadas por una diagonal, marcadas directanente en la pared, la puerta o el mostrador de madera, para contar los vasos fiados. La expresión "beber sobre tarja" significaba beber fiado, dejando que el tabernero anotase la deuda mediante muescas en la tarja.
Artículo publicado en la revista Compromiso y Cultura nº140.
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