sábado, 30 de mayo de 2020
CASTELSERAS Y EL GENERAL SERRANO
Durante el verano de 1837, los carlistas se hicieron dueños del Bajo Aragón. El 3 de octubre ocuparon Torrevelilla, población que había sido fuertemente fortificada y defendida. Las partidas carlistas de Camilo Moreno y Cabañero se movían con gran libertad y amenazaron Caspe el 5 de noviembre con 2.000 infantes y una batería de montaña. El día 7 llegó el brigadier Añón con 300 caballos. Los portales fueron derribados y muchas casas saqueadas y quemadas. El Ejército del Centro envió en su ayuda al brigadier de caballería, José Abecia, con dos batallones y dos escuadrones que operaban entre Teruel y el Ebro. El periódico La Estafeta, en su edición de 14 de noviembre de 1837, al publicar la noticia, pretendía "eanimar la decadencia de espíritu que pudo haber causado la escasez de tropas que se observaba en toda esta parte de Aragón". Sin poder tomar el fuerte de Caspe la mañana del día 9, los carlistas se retiraron con el botín obtenido hacia Castelserás.
A las 10 de la noche del día 10 de noviembre, la columna del brigadier Abecia, que estaba en Samper de Calanda, salió para interceptar la fuerza carlista mandada por el comandante Camilo Moreno, que se dirigía con el botín hacia Cantavieja por la Valcomuna. A las 5 de la tarde del día 11, la columna avisó de las avanzadillas carlistas en las pequeñas alturas inmediatas a Castelserás sobre el camino de Samper. Otras tropas se movían en la elevación del Calvario y en el llano se veía su caballería.
La brigada de José Abecía estaba formada por un escuadrón de la Caballería de la Reina, 2º de línea, al mando del comandante Francisco Serrano, y un escuadrón de la Caballería de Cataluña del 6º en línea. Su infantería estaba formada por el primer Batallón del Rey, 3º de línea, y el primer Batallón del Infante, 1º de línea. A estas fuerzas se añadieron, el primer Batallón de Fusileros de Aragón del comandante Baltasar de Torres, los Tiradores de Daroca del coronel Ramón Quintana y la Caballería Movilizada de Cariñena. Los carlistas disponían de unos 1.500 infantes y 300 caballos, formados en tres batallones de infantería, dos escuadrones de caballería y dos piezas de montaña, al mando del jefe de caballería Camilo Moreno.
Como primera medida, el brigadier liberal envió a la mitad de la caballería del 6º ligero contra las avanzadillas carlistas para obligarlas a repasar el puente hacia la otra orilla del Guadalope. Su infantería, situada en el Calvario, al ver avanzar al batallón de infantería del Rey, precedido de sus cazadores, abandonó las alturas precipitándose hacia las casas y los corrales próximos al puente, y fue sometida al intenso fuego que los tiradores hacían desde ellas. El Guadalope, encajado, con 24 a 30 pies de profundidad, ofrecía dificultades para ser vadeado. El puente era el único acceso al pueblo.
La Compañía suelta de fusileros de Aragón y los Tiradores de Daroca atacaron por la izquierda del puente, sostenidos por un escuadrón de caballería del 6º de línea y por 2º escuadrón de lanceros de la Reina. Mientras, los batallones, precedidos de sus cazadores y de la mitad de la caballería del 6º, atravesaron el puente y desalojaron a los carlistas de las posiciones que ocupaban en el lado izquierdo. A continuación, el batallón del Infante, 3º de línea, al paso, atacó las posiciones del lado derecho, con el batallón del Rey por el centro. El encuentro fue rápido, los soldados, a la bayoneta y en guerrilla, ocuparon el pueblo con la ayuda de unos pocos jinetes del 6º de caballería. La defensa cesó poco tiempo después. Los carlistas, para intentar salvar el botín que llevaban, abandonaron sus posiciones emprendiendo la retirada por las colinas sobre las que se halla el camino de La Codoñera.
El primer batallón de fusileros de Aragón, a la bayoneta, continuó su marcha en vanguardia para cortar la retirada de los que huían hasta que tropezó con dos escuadrones carlistas que se presentaron con dos compañías de infantería, Abecia envió el escuadrón de la Reina, al mando del comandante Francisco Serrano, para que cargara contra ellos. La contundencia del ataque provocó la dispersión de los escuadrones enemigos y de la mitad de la infantería que en su mayor parte fue lanceada y quedó prisionera. En su escrito informe, redactado en La Codoñera el día siguiente del combate, señaló que "...nuestro invencible escuadrón, con el bravo comandante Serrano que venía de retaguardia, se se incorpora y se pone a vanguardia y persigue vivamente a la facción, que viéndose obligada a combatir, forma sus masas y se arrojan a la carga sus dos escuadrones protegida por la infantería del primer batallón de fusileros de Aragón al mando del coronel Manuel Sessé". Más adelante añade, "ya era de noche el fuego horroroso; su caballería fue rechazada tres veces a tiro de pistola; su infantería fue lanzada, y lo más particular que todo ocurría en un espeso olivar y a las in mediaciones de La Codoñera, y solo 80 hombres pusieron en vergonzosa fuga una fuerza tan imponente, aunque después de una resistencia obstinada, pues ningún faccioso soltó su fusil interin no recibió tres lanzazos; Su caballería no se ha visto jamás arrojada; nuestra pérdida ha consistido en un sargento graduado de alférez y un soldado muertos , dos gravemente heridos, y dos o tres caballos también heridos; 80 muertos que ha tenido la facción y 140 prisioneros, la mayor parte heridos". Refiriéndose al comandante Serrano dice: "el comandante Serrano es un héroe, excede su arrojo a cuanto se pueda decir".
Sólo quedó un grupo parapetado en la encumbrada ermita de Codoñera que intentó, con su fuego, dar tiempo para que se retiraran sus fuerzas. El subteniente de cazadores, Pedro Paredes, del primer batallón del Rey, con la cuarta parte de de su compañía, los desalojó de sus posiciones. El enemigo huyó hacia los Puertos. Pirala1 escribió que fueron capturadas dos compañías carlistas y que Camilo Moreno fue destituido por el brigadier Manuel Añón. Tras el combate, los liberales recogieron 11 cajones de municiones y 8 cargas de fusiles. El éxito del combate aumentó la moral de los liberales, necesitados de ellas después de las derrotas sufridas, aunque sus efectos sobre la marcha de la guerra fueron nulos. La prensa, ávida de noticias favorables, repitió, durante cerca de dos semanas, la victoria obtenida y el valor demostrado el comandante Serrano. Esta constituyó un fuerte espaldarazo en al carrera en el poder del comandante Francisco Serrano que le supuso el ascenso a teniente coronel efectivo y la concesión de la laureada de San Fernando. En el manuscrito del brigadier José Abecía2, podemos leer la consideración que le merecía de su superior en la sección de Castelserás.
Al firmarse el Convenio de Vergara en 1839, ya era coronel. En julio de ese año, comenzó su carrera política como diputado por Málaga. La suya fue una de las carreras militares y políticas más brillantes y controvertidas del siglo XIX. Favorecido por Espartero, se convirtió luego en su enemigo. En septiembre de 1868, siendo "Duque de la Torre", encabezó, con el general Prim y el almirante Topete, el pronunciamiento militar que derrocó a Isabel II, su antigua protectora y amante. Fue tolerante con la I República, aunque acabó reconociendo a Alfonso XII.
Los autores agradecen la colaboración prestada por Manuel Cerezuela Domene de Castelserás y a la Biblioteca Histórica-Militar y Cultura Pirenaico, que nos ha facilitado la consulta de los fondos bibliográficos.
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1A.PIRALA. Historia de laguerra civil y de los partidos liberal y carlista, 1853-56. Vol. IV,pág. 300.
2 Instituto de Historia y Cultura Militar, Museo de Infantería, nº 63.138. Acción contra los carlistas Moreno y Cabañero en Castelserás en noviembre de 1837.
Artículo publicado en la revista Compromiso y Cultura nº 54
domingo, 23 de febrero de 2020
LOS JEFES DEL PRIMER CARLISMO EN LA CODOÑERA (II)
La Codoñera jugó un importante papel durante los dos primeros años de la primera guerra carlista. Fue el lugar en el que tuvo lugar el pronunciamiento de Carnicer que levantó el Bajo Aragón en favor del Pretendiente. Muchos carlistas habían pertenecido al antiguo batallón Codoñera del ejército realista y de él salieron algunos de los primeros jefes carlistas, cuya identidad fue eclipsada por la gran notoriedad que posteriormente alcanzaron otros dirigentes. Algunos de ellos fueron Luis Bayod, Ramón Martín Jaime, Martín Faci, Manuel Gil y Mariano Gisbert.
Luis Bayod. Se alistó en el ejército en mayo de 1809 durante la Guerra de la Independencia. Combatió en las acciones de Alcañiz (1809), Hostalric (1810) y Castalla, en el sitio de Tarragona (1813) y en el bloqueo de Barcelona (1814). Terminada la guerra continuó en el ejército como soldado, hasta que fue licenciado en abril de 1820. Se unió a las partidas realistas en julio de 1822, empezando la guerra como cabo segundo y combatiendo en Aragón y en algunas incursiones por Castilla, Valencia y Cataluña, terminó la contienda como capitán graduado de teniente coronel. En septiembre de 1824 fue retirado del servicio activo con licencia ilimitada. Como capitán relista era el primer jefe del batallón Codoñera en 1833. Posiblemente se unió a Carnicer cuando éste se declaró a favor del pretendiente carlista en La Codoñera.
Tras la derrota de Carnicer en Mayals el 10 de abril de 1834 formó su propia partida con 72 hombres. Al anochecer del 19 de abril marchaba con 24 hombres por Aliaga en dirección de Ladruñán, cuando su presencia fue comunicada a las fuerzas gubernamentales que le perseguían. El día 29 de abril fue alcanzado en Aguaviva por la columna móvil del norte de Valencia al mando del coronel Manuel Mazarredo cuando se dirigía hacia Monroyo se encontró con la partida de Luis Bayod. En la refriega los carlistas fueron derrotados perdiendo la vida un capitán y 50 soldados, otros 5 quedaron prisioneros, entre otros el propio Bayod. Dos heridos llegaron a La Codoñera donde fueron detenidos y remitidos a Alcañiz. En mayo de 1836 fue nombrado vocal de la Junta Superior Gubernativa de Cantavieja. En 1839 bloqueó la población de Albalate del Arzobispo. Un espía le informó de la próxima llegada de una columna del gobierno para lo cual se ocultó en la ermita de Santa Bárbara. Sin embargo, un confidente informó al general cristiano Mir, que rodeó la ermita y aunque los carlistas opusieron una feroz resistencia, Luis Bayod fue capturado con 145 hombres. Poco después, fue canjeado y en julio de 1840 marchó a Francia con el grado de comandante. Las autoridades francesas lo enviaron a Lons-le-Saunier en los montes Jura, con un subsidio de 33 francos mensuales. En 1840 pasó a vivir en Tain (Drôme).
Ramón Martín Jaime. En 1822 formaba parte de la partida realista de Joaquín Capapé quien le nombró el 8 de diciembre de ese año, capitán cajero del Regimiento de Caballería Lanceros del Soberano. El general Jorge Bessieres lo ascendió a Comisario de Guerra de la División Realista del Bajo Aragón y plaza de Mequinenza el 20 de diciembre de 1822, cargo que desempeñó hasta abril de 1823 en el que fue destinado como tesorero del ejército. El 12 de noviembre cesó como tesorero y con el grado de capitán graduado de teniente coronel, pasó al tercer batallón del Regimiento de Infantería de Línea de nº 7. El 30 de mayo de 1824 marchó al mando de los voluntarios realistas de La Codoñera, a Zorita, donde se había producido un levantamiento. En 1826 protestó ante el Ministerio de la Guerra por lo que consideró un agravio en su carrera al pasar de capitán de caballería al de infantería, petición que le fue denegada. Al crearse el batallón Codoñera de la 3ª Brigada del partido de Alcañiz del Ejército Realista, fue nombrado su 2º comandante. En 1828 estaba casado con Doña Isabel Molins y vivía en una casa de la calle Oriente nº 12. (actual casa rural). Se unió a Carnicer cuando se sublevó en La Codoñera y marchó a Morella donde fue nombrado tesorero. Participó en la batalla de Calanda el 6 de diciembre en la que fue derrotado el Barón de Hervés. El 12 de diciembre el alcalde de La Codoñera fue advertido de que "Ramón Martín Jaime, Tesorero de la facción de Morella se halla refugiado en esa Vº y no dudo que pueda estar escondido en casa de su cuñado Ramón Secanella o en alguna otra; por lo que prevengo a V. que bajo la multa de 200 ducados y formación de la causa correspondiente proceda sin dilación a su captura", el alcalde contestó que no se hallaba en la población. Formó una partida con la que recorrió el Bajo Aragón. El 9 de abril de 1834, el Gobernador de Alcañiz avisaba que por la frontera con Cataluña andaba una facción carlista capitaneada por Jover de Mequinenza, Ramón Martín Jaime de La Codoñera y el Serrador de Villafranca del Cid, en número de 250 infantes y 20 caballos. A las 4horas y 30 minutos de la madrugada del 5 de mayo de 1834 los carlistas atacaron, en los alrededores de Valdealgorfa, a la columna cristiana del coronel graduado Baudilio Mallol, capitán de infantería del Regimiento de Infantería de Soria del 9º de Línea, formada por 160 soldados de infantería. Por parte carlista intervinieron las facciones de Carnicer, "Malos Ajos" de Montalban y Ramón Martín Jayme de La Codoñera, en número de 400 o 500 de infantería y 70 u 80 de caballería, emboscados desde las 10 de la noche anterior. En el combate, que duró cerca de dos horas, las tropas gubernamentales rechazaron tres ataques de la caballería carlista, obligándola a retirarse al amparo de su infantería que dominaba las alturas. En la lucha murieron el coronel cristiano Frasco Bonal y el teniente coronel del Mas de las Matas, Maunuel de Lamata, agregado a la columna del coronel Baudilio Mallot, además fueron heridos 3 sargentos, 4 cabos y 26 soldados. Los carlistas perdieron al teniente coronel Ramón Martín Jaime, 8 soldados y 4 caballos, un soldado herido fue capturado.
Martín Faci. Nació en La Codoñera, el 9 de abril de de 1834 se menciona la presencia de una partida capitaneada por Martín Faci de La Codoñera. El día 12, la facción se trasladó a Monroyo donde, bajo amenaza de muerte, exigió 400 raciones y 600 pares de alpargatas.
Manuel Gil. Nació en La Codoñera. El 9 de enero de 1834 escapó de su casa en La Codoñera cuando iba a ser detenido por haber formado parte de de la columna del Barón de Hervés en el combate de Calanda. En enero de 1838 era el 2º jefe del batallón de Aragón que mandaba Pellicer de Caspe, molinero igual que él. Fue el 2º jefe del depósito de prisioneros de Beceite, cargo en el que se distinguió por el mal trato que infringió a los soldados y oficiales cautivos. Su mala gestión desencadenó una masacre entre los cautivos entre los cuales se dieron casos de antropofagia. Ambos jefes fueron relevados de sus funciones poco después de estos hechos. Acompañó a Cabañero y Pellicer en su ataque a Zaragoza el 5 de marzo de 1838. El 10 de agosto defendió con valentía las alturas de Querola en Morella, al mando de compañías aragonesas y valencianas, siendo herido y muerto su caballo. Finalmente tuvo que abandonar la posición la cual quedó protegida por la artillería liberal. En mayo de 1840 se encontraba en la defensa de Morella al frente de 5º batallón de Aragón con el grado de comandante del 5ºbatallón. Fue capturado y llevado al depósito de prisioneros de Zaragoza, donde posiblemente fue fusilado por los excesos de Beceite.
Mariano Sanz Gisbert. Fue uno de los arrendadores de los árbitros de los voluntarios realistas en el año 1825. Estaba casado con Ángela Bayod hermana de Luis Bayod, vivía en la calle de San Valero. Se unió a los carlistas y alcanzó el grado de capitán. Fue capturado en 1840 en la caída de Castellote. Es posible que aceptara el ofrecimiento de integrarse en el ejército gubernamental, manteniendo su graduación y jurando fidelidad a Isabel II, por cuanto en 1852 firmaba sus documentos como capitán, como oficial retirado en 1853 y como excedente y oficial de reemplazo hasta 1857.
Artículo publicado en la revista Compromiso y Cultura nº 62
jueves, 23 de enero de 2020
EL ORIGEN DEL PRIMER CARLISMO EN EN EL BAJO ARAGON (I)
El 10 de julio de 1823 se crearon oficialmente los Voluntarios Realistas, a modo de milicia armada compuesta por civiles bajo la autoridad militar, pero limitada al ámbito municipal, que disfrutaban de facilidades para su mantenimiento y armamento. Las partidas realistas que apoyaron a Fernando VII contra el Trienio Liberal fueron disueltas, pero se les ofreció la posibilidad de alistarse en los Cuerpos de Realistas como oficiales y suboficiales después de ser recalificados, pues muchos de ellos habían tenido rápidos ascensos en pocos meses y otros no sabían leer y escribir. El descontento de los voluntarios con la orientación política del gobierno y el hecho de disponer de armamento propio y organización militar propició algunos levantamientos como el el protagonizado en mayo de 1824 a favor de Don Carlos por el brigadier Joaquín Capapé.
El 25 de julio de 1825, coincidiendo con la fiesta del Patrón de España, fueron bendecidas en la colegiata de Alcañiz las banderas de los cuatro batallones del Tercio de los Voluntarios Realistas del partido de Alcañiz. En La Codoñera los voluntarios realistas llegaron a 86 individuos encuadrados en el arma de infantería. Su primer comandante fue Luis Bayod, subteniente de infantería en excedencia y su segundo,Ramón Martín Jaime. Otros mandos fueron: Teniente de Infantería y Capitán de Voluntarios, José Dolz. Teniente de voluntarios, Antonio Faci. Oficial de Voluntarios, Manuel Cases. Subteniente de Infantería, Pedro Gimeno. Sargento de Voluntarios, Ramón Badía.
El malestar y los conatos de insurgencia se sucedieron uno tras otro. Cada mes los alcaldes debían informar de cualquier sospecha que pudiera alterar el orden y proporcionar los nombres de los rebeldes que había en los pueblos. El 5 de noviembre de 1829 el alcalde Pedro Lorenzo notificó que "en el pueblo no hay ninguna conspiración contra la Soberanía del Rey y aunque en él residen oficiales ilimitados, son de irreprensible conducta y manifiestan un amor exaltado al Altar y al Trono". Se restringió el uso de las armas, aunque los infractores, cuando eran realistas, gozaban de cierta impunidad. Cuando el sargento ilimitado Ramón Badía, residente en La Codoñera, fue acusado de haber participado en una intentona de sublevación en Cataluña, el capitán de Beceite, Francisco Tomás Iturgui el 2 de febrero de 1828 ordenó que fuera capturado. Los documentos del preso no llegaron a manos del secretario Joaquín Dolz hasta dos años más tarde, el 12 de mayo de 1830, el cual respondió que se encontraba detenido en las cárceles de La Codoñera y que entregaría en la subdelegación de policía el importe de una multa de 13 reales de vellón por irregularidades en su pasaporte. El 21 de diciembre el alcalde Mariano Royo respondía una vez más que, "en este pueblo no se han cometido violencias ni reuniones secretas ni correspondencias sospechosas y que el pueblo es amante del Soberano y del legítimo Gobierno y que la cosecha de grano y aceite de ese año ha sido abundante y sus precios moderados".
El 29 de septiembre de 1833 murió Fernando VII. Cuatro días más tarde, Joaquín Díaz Porcar, comandante de la columna móvil del Bajo Aragón, ordenó la desmovilización de los batallones de voluntarios realistas, dejándoles sólo el vestuario. Hubo algunos intentos de pronunciamientos en Calatayud, Daroca, Teruel, Barbastro y Alcañiz. En esta última, el brigadier Puértolas intrigaba con los carlistas de Calanda y Caspe, y mediante el Tintoreo y capitán de granaderos realistas de Morella, José Mestre, enlazó con su superior Carlos Victoria . El Gobernador Militar de Alcañiz, Juan José Acuavera, sospechando de la conjura, se presentó el día 6 de octubre en su casa y detuvo a los reunidos. Fracasó la tentativa de pronunciamiento del destacamento de carabineros, quedando presos el teniente de dicho cuerpo, Isidro Sánchez, el coronel Antonio Fuster "El Herrero de Mequinenza" y el cabo realista Antonio Palacio. Manuel Carnicer que también se hallaba comprometido en la intentona, avisado a tiempo, logró escapar. Acompañado de 22 hombres se dirigió por Hervés, La Pobleta y Ortells a Morella, cuyo vecindario aunque secundaba su causa, temía precipitarse y le rogó por medio de Mestre, que no entrara en la población. Carnicer se retiró por El Forcall y el día 12 se presentó en La Codoñera con ocho hombres armados, entre ellos algunos antiguos oficiales de Capapé del año 1823, abrió simbólicamente las puertas de la cárcel en nombre de Carlos V y liberó a los tres presos que allí había. El pronunciamiento de Carnicer en favor de de don Carlos causó un enorme impacto en toda la región, Joaquín Quílez se levantó con 15 hombres en Samper de Calanda el día 28. Tres semanas más tarde se rebeló enrique Montañes en Mazaleón, subteniente ilimitado y 2º comandante de un batallón realista. Estas sublevaciones estimularon el levantamiento del Maestrazgo que tendrá lugar el 13 de noviembre. Cabello,Santa Cruz y Temprado sitúa el inicio de la guerra cuando Carnicer "dio el grito de rebelión el 13 de octubre de 1833 en La Codoñera".
Carnicer aumentó sus efectivos con los huídos de los pueblos, jornaleros y realistas y en el mes de noviembre contaba con unos 400 partidarios y el día 27 desde Fórnoles amenazaba Alcañiz. Sin embargo, los carlistas no pudieron apoderarse de las dos principales plazas del Bajo Aragón, Caspe y Alcañiz, por lo que se fueron a Morella que estaba en su poder. El 7 de diciembre las tropas del Gobierno al mando del general Horé recuperaron la ciudad, que había sido evacuada durante la noche. La columna carlista, que rondaba los 1.200 hombres, se dirigió por Zorita y Aguaviva hacia Alcañiz, entrando el día 9 en Calanda. Desde Monroyo las tropas gubernamentales del coronel Cristóbal Linares de Butrón se dirigió por Belmonte hacia Castelserás con 350 soldados de infantería y 27 de caballería. Al rayar el alba la columna liberal avanzó sobre Calanda intentando sorprender y rodear a los carlistas que la dominaban. El enfrentamiento tuvo lugar en los alrededores de la ermita de Santa Bárbara. Tras un duro combate se produjo la desvandada de los carlistas que, en pequeños grupos diseminados, trataron de evitar un segundo ataque por el lado de Foz Calanda. Los carlistas tuvieron 50 muertos y 18 prisioneros frente a un capitán, un cabo y 5 granaderos liberales muertos y otros 15 heridos. El Barón de Hervés logró huir, pero fue capturado en Manzanera y fusilado en Teruel el 27 de diciembre .
Tras la derrota de Calanda, se presentaron a los justicias de los pueblos un elevado número de sublevados para acogerse a los indultos que se promulgaron. El 11 de diciembre el Gobernador Acuavera comunicó que en el pueblo de Torrevelilla se había presentado "uno de los dispersos de Morella llamado Cases de La Codoñera, hermano de un oficial perteneciente a la facción". El 12 el alcalde de La Codoñera fue advertido que "Ramón Martín Jayme, Tesorero de la facción de Morella se halla refugiado en esa Vº y no dudo que puede estar escondido en casa de su cuñado Ramón Secanella en alguna otra; por lo que prevengo a V. que bajo la multa de 200 ducados y formación de la causa correspondiente sin dilación a su captura," el alcalde contestó que no se hallaba en la población. El 14 se presentaron en La Codoñera cuatro individuos que pertenecían a la facción de Morella, dos de Castelserás, uno de Calanda y otro de La Codoñera para acogerse al indulto.El mismo día, el alcalde certificó que de la villa "no ha salido hasta ahora ninguna persona para unirse a los llamados carlistas". El tiempo de vigencia del indulto era de 15 días y de él se exceptuaba a quienes ostentaran desde el grado de capitán hacia arriba.
Las autoridades liberales vigilaron las actividades de los carlistas indultados y prendieron en sus casas de La Codoñera a José Doz y a Manuel Cases, logrando escapar un individuo apodado El Molinero (Manuel Gil). El 10 de abril de 1834, Carnicer, que había cruzado el Ebro para apoyar el levantamiento carlista en Cataluña, fue derrotado en Mayals. Entre los prisioneros se hallaron 7 vecinos de La Codoñera: Manuel Serrés que había estado con la partida del Barón de Hervés en la acción de Calanda, y Antonio Alcañiz, Pascual Velilla, Alejo Insa, Antonio Jorge y Joaquín de...? pertenecientes a la partida de Carnicer y Ramón Sancho de la partida de Quílez. Los detenidos fueron obligados a servir durante seis años en los cuerpos de militares de Ultramar, en aplicación del Real Decreto de 21 de enero de 1834 para los reicidentes "en su criminal conducta", según decía la Gaceta de Madrid del 23 de enero. El día 29 de abril en una refriega en Aguaviva, la columna móvil del coronel Manuel Mazarredo deshizo a la partida carlista de Luis Bayod de La Codoñera que fue capturado. El 5 de mayo la columna cristiana del coronel Baudillo Mallot derrotó en las proximidades de Valdealgorfa a las facciones de Carnicer,de "Malos Ajos" de Montalbán y de Ramón Martín Jayme de La Codoñera que murió en el combate. Durante todo este tiempo La Codoñera será un refugio y lugar de paso para los carlistas como conocerá en su Campaña del Maestrazgo.
El 3 de diciembre de 1835 habían abandonado La Codoñera 35 vecinos para unirse a la facción, con una población de 1.232 habitantes. Durante toda la guerra, no menos de 56 personas pasaron por las filas carlistas, incluído un fraile, Fray IgnacioMolins, hijo de Tomasa Cases en 1835. Las represalias se extendieron a las familias de los fugados y así en la citada relación se anota que en el fuerte de Torrevelilla se hallan detenidas desde hace un mes, las mujeres de Tomás Margelí, de Gregorio Gil y de Ramón Secanella y una hija Rafael Sanz. En algunos casos, la situación llegó a ser dramática, como fue el caso de María Gavín, vecina de Alcañiz que con fecha del 8 de mayo suplicaba desde La Codoñera que se la permitiera regresar a su casa, "aunque hace seis meses fue obligada a desalojarla para que fuera en busca de su marido Antonio Ballesteros por haberse fugado a la facción. La recurrente baga por los pueblos con una criatura menor de edad implorando la palabra de Dios para mantenerse y sufriendo todas las calamidades de la estación de los tiempos..."
Artíulo publicado en la revista Compromiso y Cultura nº 61
viernes, 1 de noviembre de 2019
UNA TUMBA EN EL MAR
Entre las efemérides turolenses publicadas por el periódico de Teruel, figura la siguiente escueta noticia:
25 de noviembre de 1898. "Un soldado de La Codoñera llamado Francisco Cases, de 21 años, se encuentra entre los fallecidos durante la travesía de un barco que este día desde Cuba llega al puerto de Cádiz."
¿Quién fue este vecino nuestro a quien el destino, en cumplimiento de su deber, le llevó a la guerra de Cuba.?
Francisco Cases Ferrer nació en La Codoñera el 24 de septiembre de 1873 en la calle de las Rocas nº 5, hijo de Alejandro Cases y de Blasa Ferrer, agricultores. Dos años más tarde vino al mundo su hermano Manuel Cases.
La Constitución de 1876 en su artículo 3º establecía que "Que todo español está obligado a defender a la Patria con las armas, cuando sea llamado por ley". En el mes de enero del año en que se cumplían los 19 años, los mozos entraban en el alistamiento militar. En la confección de las listas intervenían de manera activa, el alcalde, regidores del ayuntamiento y el párroco provistos de los libros de nacimientos del registro civil y del eclesiástico. Las listas, una vez firmadas, eran expuestas públicamente durante diez días para que pudieran realizar las oportunas rectificaciones del alistamiento la mañana del último domingo de enero. Francisco Cases pertenecía al reemplazo de 1892.
El sorteo de los mozos tenía lugar el primer domingo festivo del mes de febrero, a las 7 de la mañana, a puerta abierta, ante el Ayuntamiento. En presencia de los interesados, se leía el alistamiento rectificado y se escribían con letras, tantos números como mozos se sorteaban. Luego se introducían en bolas que se ponían en dos bombos, uno con los números y otro con los nombres. De ambos bombos, una vez removidos, dos niños de menos de diez años sacaban una bola con un nombre y otra con un número. El secretario levantaba acta del sorteo, con los nombres de los mozos y el número y letra que les había tocado. El acta se leía, se firmaba y se remetía a la Caja de Reclutas Provincial después de atender las posibles reclamaciones. Los números bajos eran siempre soldados.
Días después, los mozos acudían al Ayuntamiento donde eran tallados ( 1, 545 mn de talla mínima ), se comprobaba si eran aptos para el servicio y se hacían las alegaciones pertinentes para eximirse. Todo el proceso se realizaba atendiendo al número sacado anteriormente en el sorteo. La misma operación se repetía con aquellos que en los tres años anteriores fueron destinados a la reserva. Los mozos excluidos eran reconocidos y tallados de nuevo por una Comisión Mixta. Mediante la redención en metálico se podía evitar el servicio militar, el pago a realizar era de 1.500 pesetas por el servicio ordinario en la Península y de 2.000 pesetas en Ultramar ( el sueldo anual de un pastor era de 550 pesetas y el de un maestro de, 850 pesetas ). El mozo redimido, además de pagar, debía acreditar que tenía una carrera, profesión u oficio. Si era declarado excluido o exento se le devolvía lo entregado. Otra modalidad factible en esos años era el cambio de mozo por otro, entre parientes directos, por un recluta disponible, un soldado de la reserva, o un individuo del ejército permanente de la misma Caja o guarnición.
Francisco Cases pasó por la Caja de Reclutas de Alcañiz y fue destinado al regimiento Sicilia nº 7, antiguo Tercio Viejo de Sicilia nº 67 en el que sirvió Cervantes entre 1573 y 1575, con sede en la plaza de San Sebastián (Guipúzcoa). Prestó juramento de fidelidad a la Bandera en la mencionada Plaza y quedó de servicio. En los días siguientes recibió el vestuario militar valorado en 50 pesetas, que se descontaban de su sueldo. La duración del servicio militar era de 12 años. de los cuales 6 eran de servicio activo (comprendía la licencia ilimitada o reserva activa y el tiempo de la recluta disponible) y otos 6 años de segunda reserva. Los soldados destinados a Ultramar reducían los primeros 6 años a cuatro.
El 23 de febrero de 1895, con el "Grito de Baire", comenzó la última guerra de independencia cubana. En el mes de marzo empezaron a salir tropas desde la Península para intentar acabar con la insurrección.En julio de 1895 se ordenó el envío urgente de 20 batallones de infantería expedicionarios. El 18 de octubre se formaron 21 nuevos batallones con soldados pertenecientes de los distintos regimientos peninsulares, en ocasiones cambiándolos de unidad, entre ellos se encontraba el de Sicilia 7. En primer lugar, se llamaba a los voluntarios y los restantes que hicieran falta por sorteo.
En noviembre de 1895 el batallón Sicilia marchó al puerto de Santander, para embarcar en el vapor correo reina María Cristina el día 24. Los soldados oyeron misa y se les repartieron medallas, escapularios, y pequeños donativos en metálico.
Acompañados por la música de las bandas militares y del público que los despedía, subieron a bordo 3 jefes, 39 oficiales y 933 soldados, pertenecientes a la 7ª expedición extraordinaria a Cuba. El día 25, el barco hizo escala en La Coruña para recoger más soldados y llegó a la Habana hacia el 12 de marzo.
El batallón Sicilia formó parte de la 1ª Brigada estacionada en Holguín, al mando del General Echagüe. Estaba constituída por el regimiento de la Habana, el 2º Batallón del 2º Regimiento de Infantería de Marina y el Batallón Sicilia. Holguín era una importante base se operaciones en la parte oriental de Cuba, conectada por línea férrea con Gibara, el puerto marítimo que la unía al exterior. El campo estaba controlado por los insurgentes. El transporte a su nuevo destino debió realizarse en vagones de ganado.
Con la llegada del general Weyler se intensificaron las operaciones militares. En 1896 el batallón tomó parte en las acciones de Aguarás, Loma del Gatuco y Monte Oscuro. El 20 de agosto la línea férrea fue atacada. El sargento Hortigüela, con su pelotón de 19 hombres repelió un fuerte ataque de más de 2.000 mambises.
El 29 de febrero de 1897 falleció un soldado calandino de su misma unidad por disentería en un hospital de la Habana. El 1 de septiembre murió en Holguín un soldado de Cañizar víctima de fiebre amarilla y el 26 de septiembre otro soldado turolense. El 3 de marzo de 1898, en la zona de Holguín, los batallones de Aragón, Sicilia y de infantería de Marina participaron en una acción contra los insurgentes en la que hubo un muerto y 12 heridos entre ellos el médico y un teniente. En otra acción, fueron heridos un comandante, un capitán y 14 soldados. A pesar de todo, el mayor porcentaje de bajas fue por enfermedad (enteritis, vómito , paludismo).
El 16 de julio de 1898 se firmó la capitulación de Santiago de Cuba. El punto tercero del acta estableció que las fuerzas españolas serían repatriadas lo antes posible, y lo pagaría el erario público norteamericano. La compañía Trasatlántica ganó el concurso para el transporte de tropas, pero redujo en un 30% las raciones alimenticias de los soldados que pasaron de 20 a 30 dólares. El bloqueo de parte de sus barcos retrasó el embarque, a pesar de las reiteradas prisas del gobierno norteamericano.
El 16 de noviembre de 1898 le tocó el turno al batallón Sicilia que evacuó la zona de Holguín y marchó a Gibara para embarcar en el vapor francés Cheribon con destino a Málaga. Los soldaos se quejaban de las privaciones sufridas, sin camisa ni sombrero que ponerse, acosados por los mambises que cometían robos y todo tipo de tropelías. En este barco no viajó Francisco Cases, por hallarse enfermo en el hospital aquejado de enteritis crónica. Al día siguiente zarpó de La Habana el vapor correo Patricio de Satrústegui con destino al puerto cubano de Gibara y a los de Cádiz, Málaga y Barcelona.
El día 11 hizo escala en Gibara para recoger a los soldados enfermos. A bordo iban los batallones Aragón (719 cabos y soldados, 32 sargentos). Extremadura ( 754 cabos y soldados, 32 sargentos, 28 jefes y oficiales) y dos compañías del batallón de La Habana (53 jefes y oficiales, 157 soldados). hasta 2.426 hombres, incluyendo 130 enfermos de los hospitales de Holguín ( 3.000 camas) y Gibara ( 300 camas ), afectados de paludismo y transtornos intestinales. Entre ellos iba Francisco Cases. En Gibara fueron despedidos por el jefe cubano Calixto García. El número de personas embarcadas doblaba la capacidad estimada de pasajeros del barco.
La travesía fue muy dura por el temporal que se desencadenó el día 16, con fortísimos bandazos que en determinados momentos hicieron peligrar la nave, por lo que su capitán Emilio Tomasi tuvo que permanecer todo el tiempo en el puesto de mando. El soldado Josep Conangla del regimiento de La Habana 26 (futuro periodista y político catalán), que regresaba en el mismo barco , relató las tragedias ocurridas durante la travesía: "Pasados tres días de navegación, nos sorprendió penosamente el primer fallecido acaecido entre las tropas reembarcadas (....). Envuelto el cadáver en tosca aspillera y amarrado a su tórax un lingote de hierro, fue lanzado al mar desde la baranda de popa (....). En días sucesivos se registraron escenas semejantes, si bien por acuerdo entre la jefatura de las fuerzas reembarcada y el capitán del vapor, se procuró que las conducciones de los nuevos cadáveres desde la enfermería a la baranda de su lanzamiento piadoso al mar se efectuaran en horas nocturnas, en evitación de que las tristes ceremonias fuesen presenciadas por los viajeros" .
Durante la travesía fallecieron de enfermedad 17 soldados: viruela (1), anemia (2), paludismo (4). fiebre (3), infecciones intestinales (7). El periódico La Correspondencia Militar, en su edición del 26 de noviembre de 1898, publicó la relación de fallecidos entre los que figura Francisco Cases Ferrer.
Francisco Cases Ferrer falleció a las 5 de la tarde del 14 de noviembre por enteritis crónica, según certificó el médico de a bordo, José Pascual Soler, en el punto de coordenadas geográficas N30º 03´, W50º55´del meridiano de San Fernando, habiendo recibido los auxilios espirituales por parte del capellán Lorenzo Bosch. Su cuerpo recibió cristiana sepultura en el mar a las 5 de la tarde del día 26 en el punto de coordenadas N31º48´, W45º35´del meridiano de San Fernando.
A su llegada a la Península, los soldados fueron obligados a pasar una cuarentena cuya duración dependía del tiempo que había durado la navegación. cerca de un centenar fueron ingresados en hospitales de Cádiz, de los cuales fallecieron 7 que estaban muy enfermos.
Volvieron a sus casas con licencia limitada, de cuatro meses si estaban enfermos, para luego completar el tiempo exigido de servicio de 4 años. Los recortes presupuestarios afectaron al Ejército, que vio reducidos sus efectivos, muchos de los oficiales pasaron a la situación de excedentes en la reserva al se disueltas sus unidades. Ni la sociedad, ni los sucesivos gobiernos fueron mínimamente generosos con aquellos héroes anónimos que habían cumplido su deber y sufrido tantas penalidades.
Otros soldados de La Codoñera presentes en Cuba, que tuvieron la fortuna de regresar a su pueblo fueron: Manuel Berné Molins (enfermo de cólera debió su salvación a Justo Gimeno), Antonio Insa Celma, Mariano Faci Abinaja, Santiago Alcober Molins, Pedro Antonio Pérez Martínez (fue voluntario con dos amigos a quienes les había tocado en suerte ir), Florentín Cros Sanz, Pascual Gazulla Blasco, Gaspar Molins Lorenzo, Mariano Anglés Ferrer (cabo), Miguel Burgués y Justo Gimeno Ferrer.
Artículo publicado en el programa de las fiestas patronales de San Cosme y San Damián de 2019 y en la revista Compromiso y Cultura nº 59.
sábado, 24 de agosto de 2019
JOSE RAMÓN MOLINS PRESENTA SU NUEVA NOVELA "FLORENCIA"
María, madre de Florencia, deseó lo mejor para su hija y por ello le transmitió su libertad interior, para que ella y sus hijos pudieran tener una vida mejor. Su entorno transcurrió como la de tantas mujeres sometidas al patriarcado. La religión y el folclre fueron el sustento necesario que acompañaron y moderaron a tantas generaciones para dar cabida y sentido a aquella vida que se desarrolló en los pueblos, junto a unas consecuencias controladas y manipuladas por el poder para callar y contentar al pueblo. Al llegar la Segunda República fue un sueño e ilusión para poder vivir en un mundo más justo y comprender los ideales basados en la igualdad, solidaridad, fraternidad y otros valores como el laicismo, feminismo o la justicia social. Hasta la Segunda República se trató a las mujeres como menores de edad. Antes de 1932 solo la muerte podía disolver el matrimonio. Se consiguieron muchos derechos como el sufragio femenino, la escolarización de las niñas, etc.
Todo ello unido a una crisis económica como la sufrida a finales del siglo XIX, donde la Restauración Borbónica llevada a cabo por Cánovas del Castillo fue el inicio de la despoblación.
La helada de 1887-88, fue otro duro golpe para las economías locales. También se sumó la plaga de filoxera que provocó una corta producción de vino y la quiebra del mercado aceitero al entrar en competencia con el aceite andaluz . En el periódico El Mercantil Aragonés, escrito por Becerro de Bergoa, en la edición del 28 de enero de 1888, explicaba la precaria situación socioeconómica en que se hallaba sumido el Bajo Aragón.
En el mes de mayo la prensa advirtió del elevado número de suicidios que había en la provincia de Teruel, se achacaba a las dificultades económicas. El Conde de Montenegrón y el Marqués de Monistrol expusieron ante el Senado en la sesión del 15 de mayo de 1889 la gravedad de la situación del Bajo Aragón logrando que el 20 junio de ese mismo año, el Senado eximiera del pago de la contribución durante diez años a los campos que habían sido dañados por las heladas. La miseria afectó a muchos labradores que dejaron de pagar las contribuciones territoriales, lo que se tradujo en el embargo de numerosas fincas. La situación apenas mejoró en los años siguientes, como se desprende del Diario de Avisos de Zaragoza del 11 de abril de 1891. En agosto la gente no sabía qué hacer con la tierra tan seca, viéndose a emigrar, gran parte se dirigió a Barcelona. El trigo no podía encontrarse "aún con dinero en toda España", de 27 subió hasta 36 reales la fanega y era muy ruin, bajaban de la sierra trigo, centeno y muchas mezclas.
Las protestas contra los consumidores se acentuaron a finales de siglo, implicando también a los pequeños pueblos de Aragón.
Artículo publicado en la revista Compromiso y Cultura nº 55, con motivo de la presentación del libro "Florencia" en la sede la Comarca del Bajo Aragón el 21 de junio de 2019
viernes, 28 de junio de 2019
CARLISTAS DEL BAJO ARAGÓN DEPORTADOS A CUBA
Durante la primera guerra carlista los métodos empleados por ambas partes para reducir al opositor se caracterizaban por su extrema violencia, prodigándose los fusilamientos de prisioneros, de los cabecillas y de aquellos soldados indultados que habían vuelto a tomar las armas. Un Real Decreto de 1 de octubre de 1830 estableció que quienes prestaran auxilio de armas, municiones o víveres a los rebeldes serían pasados por las armas. Debido a la necesidad de establecer una ley que permitiera castigar a la multitud de "facciosos" que se cogían prisioneros, y a los que por su número no era posible aplicar la última pena, y poder distinguirlos de los cabecillas, instigadores y oficiales para que quienes sí se aplicaría la pena capital, se promulgó el R.D. de 21 de enero de 1834 que ordenaba: "Que todos los individuos pertenecientes a las facciones (excepto los cabecillas y los que hayan usurpado el título de oficiales, los cuales deben sufrir las penas de la ley), bien sean aprehendidos por la tropa, por los justicias o por los paisanos, serán destinados al servicio de las armas por seis años, a saber: los titulados sargentos y cabos a los Regimientos Fijos de Ceuta, La Habana y las Compañías Fijas de los presidios de África; y los restantes a cuerpos de los existentes en las islas de Cuba, Puerto Rico y Filipinas".
El 15 de febrero el Consejo de Ministros, presidido por la Reina, perdonó a 73 "ex voluntarios realistas" condenados a muerte por la comisión militar por su participación de la sublevación del 27 de octubre. Fueron destinados por diez años a las posesiones de América y Asia. El 20 de marzo los prisioneros carlistas de Vitoria debían ser conducidos a un puerto para ser embarcados a ultramar. A primeros de mayo, la columna del coronel Rebollo llevaba una cuerda de rematados ( condenados por fallo ejecutorio a alguna pena ) y facciosos a Teruel. Esta fue acatada por sus compañeros de partida con objeto de liberarlos de su destino en ultramar.
El 10 de abril de 1834, Carnicer, que había cruzado el Ebro para apoyar el levantamiento carlista en Cataluña, fue derrotado en Mayals. Sufrió unos trescientos muertos, entre ellos el teniente coronel Martín Jayme de La Codoñera y cerca de 700 prisioneros que fueron llevados a Tarragona. El capitán general de Cataluña promulgó un decreto por el que ordenaba que a partir de esa fecha fueron pasados por las armas no solo los jefes y oficiales que se hiciesen prisioneros sino también quienes tras haberse acogido a indulto hubieran vuelto a incorporarse a la facción y a quienes ayudasen materialmente a los carlistas. Los prisioneros fueron condenados al servicio de armas en Ultramar por las comisiones militares. La prensa de mayo y junio se hizo eco de las primeras deportaciones. La Revista Española del 16 de mayo publicó una relación con los nombres de los primeros carlistas y de los lugares en que vivían. Estos formaban parte de la partida del Barón de Hervés en la acción de Calanda (27 nombres, 3 de los cuales eran de La Codoñera y 1 del Mas de las Matas) y de la partida de Manuel Carnicer, capturados en la acción de Mayals ( 40 hombres de los cuales 3 procedían de La Codoñera y Valjunquera, 2 de Ariño 7 de otros pueblos bajoaragoneses ). Salieron de Aragón el 30 de abril hacia Valencia, estaban destinados a ultramar por seis años según el R. D. del 21 de enero. El 2 de junio de 1834 el Diario de Barcelona publicó la noticia de la partida desde el puerto de Barcelona de un barco que llevaba presos carlistas a la isla de Cuba, procedían de las partidas de Carnicer (78) y de Quilez (23). El periódico, además de los nombres de los presos, mencionaba sus lugares de nacimiento entre los que había diferentes localidades bajoaragonesas como: Alcañiz, Hijar, Maella, Samper de Calanda, La Codoñera, Torrecilla de Alcañiz, Monroyo, Valdealgorfa, Mas de Las Matas, Hervés, Castelserás, Fuentespalda, Calaceite y Mazaleón. Con respecto a las edades la mayoría eran jóvenes entre 15 y 24 años, siendo los más mayores cercanos a los cincuenta. El estado civil de los presos era mayoritariamente de solteros, siendo los casados alrededor alrededor de un tercio y 2 viudos.
El barco empleado fue la polacra Pepita de 165 toneladas, construida en astilleros catalanes en 1833 y mandada por el capitán Narciso Maciá. El 2 de mayo de 1834 volvió de La Habana con cargamento de cera y azúcar. Un mes más tarde realizó el transporte de los prisioneros carlistas y el 19 de noviembre volvió a Barcelona para zarpar de nuevo el 25 de diciembre. Al año siguiente trajo un cargamento de algodón de las costas de Brasil, de regreso de un posible transporte de esclavos desde Guinea.
La madrugada del 27 de junio de 1834, salieron de Zaragoza con destino a Valencia 35 prisioneros carlistas para ser embarcados con destino a ultramar. En la relación publicada por el periódico Diario de Barcelona del 30 de junio, figuraban 4 presos de Caspe, 2 de Torrecilla, 2 de Castelserás, y 1 de Castelserás, Alcañiz, Alcorisa, La Ginebrosa y Mas de Las Matas. En esta ocasión se anotó el oficio que ejercían los detenidos, entre los que destacaban los labradores (10), alpargateros (4), jornaleros (4) y tejeros (4). El día 16 de agosto se publicó otra lista con los nombres de 105 carlistas capturados en Tarragona enviados a la isla de Cuba. Ese mismo día, el Secretario de Estado del Despacho de Guerra expuso ante las Cortes Generales el cumplimiento de las medidas de deportación tomadas contra los prisioneros carlistas "....habiéndose verificado ya la conducción de muchos de estos reos a los mencionados puntos". Finalmente el envío de carlistas a Filipinas fue descartado por peculiares circunstancias del archipiélago.
El 27 de abril de abril de 1835 se firmó el Convenio Elliot que trató de humanizar la guerra y de preservar las vidas de los prisioneros, mediante su intercambio periódico. Las deportaciones aumentaron considerablemente por lo que fue necesario establecer en la isla del León ( Cádiz ) un Depósito de Destinados a Ultramar. La Intendencia de Cuba pagaba el transporte hasta los puertos que tenían Depósito en buques de la Marina Real o de particulares. El 18 de mayo salieron del puerto de Tarragona 76 prisioneros.
Otro barco que transportó prisioneros fue el bergantín mercante Lancero, que con una tripulación de 16 hombres hizo la ruta Barcelona, Tarragona y Málaga, donde el 15 de julio cargó 150 carlistas confinados a La Habana. Los presos se amotinaron y lograron que el buque amarrara en Gibraltar. El periódico El Eco del Comercio los describrió como "descamisados reunidos. Unos sin zapatos, otros con alpargatas, sin sombreros los unos, y con pañuelo a la cabeza los otros...¡Qué fachas de perdularios"! ¡Qué chusma !. El 17 de octubre fueron embarcados 51 carlistas catalanes en el puerto de Barcelona con destino a La Habana, condenados entre 6 y 10 años de presidio y servicio de armas. La travesía se realizó en el bergantín Temible, de 155 Tm al mando del capitán Pedro Collazo. El 7 de noviembre de 1835 fueron 150 hombres los destinados a los cuerpos o presidios de ultramar. En la lista de nombres se encontraban 10 prisioneros 10 prisioneros procedentes del Bajo Aragón ( 6 de Maella y 1 de los pueblos de Calanda, Puebla de Hijar, Fórnoles y Alcorisa).
Los presos fueron en general deportados en barcos mercantes de particulares y pocos en los de la marina de guerra (caso de los desertores). Algunos de los buques empleados fueron: la fragata Ica, la polacra Narcisa y los bergantines Pronto, Lancero, Especulación, Temible, Místico San Agustín, Aurora, Amable y Carolina. Estos barcos desplazaban de 115 a 160 toneladas y se dedicaban al transporte de mercancías entre la Península y La Habana, negocio que algunos completaban con esporádicos viajes al golfo de Guinea para el lucrativo negocio de tráfico negrero a Brasil y Cuba. De esta manera, durante la primera guerra carlista, 2.100 prisioneros fueron enviados a Puerto Rico y 1.500 a Cuba. Estos, según el decreto, sólo debían emplearse en servicios de armas, sin embargo se permitió que las autoridades militares los destinaran a otros trabajos atendiendo a sus oficios y profesiones, mirando por el fenómeno de la isla. Estos años coinciden con su despegue económico favorecido por el alza de los precios del azúcar, las innovaciones tecnológicas y el abaratamiento de los transportes. Los prisioneros fueron empleados como mano de obra barata en obras públicas como la construcción del primer ferrocarril. El vómito negro (fiebre amarilla), las disenterías y el calor los diezmaron. Aunque el tema ha sido poco estudiado, se considera que muy pocos debieron poder volver a España, entre otras razones por el elevado coste del transporte.
En 1836 el capitán general de Cuba se opuso al traslado de prisioneros carlistas, cuyos partidarios pretendían la emancipación de Cuba y Puerto Rico apoyados por el partido conservador inglés. A esta inquietud se sumó el interés del secretario estadounidense por hacerse con Cuba.
Atículo publicado en la revista Compromiso y Cultura nº 54
Atículo publicado en la revista Compromiso y Cultura nº 54
sábado, 2 de marzo de 2019
LA VIOLENCIA CONTRA LA MUJER EN EL BAJO ARAGÓN DEL SIGLO XVII
Las leyes civiles y eclesiásticas suponían una situación de subordinación, desigualdad e inferioridad de las mujeres respecto a los hombres como se verá en los siguientes textos.
En 1609, en el proceso eclesiástico1 contra Pablo Ambert de 15 años y Úrsula Marcelina Ossó de 14 años por matrimonio clandestino, ambos de familias infanzonas, el tribunal sentenció con mayor dureza a la mujer, que ".....contraveniendo las disposiciones del Santo Concilio de Trento, sin moniciones, llevando con dolo al vicario de La Codoñera y teniéndole encerrado por fuerza en un aposento para que asistiese al dicho matrimonio clandestino, cometiendo en esto graves y enormes delictos de mal ejemplo y grande escándalo, reservando ante todas cosas el declarar sobre el dho matrimonio en la causa civil, que pende en esta Corte eclesiástica, debemos amonestar y amonestamos a la dha Úrsula Marcelina Ossó que, de aquí en adelante sea obediente a los preceptos de la Santa Madre Iglesia y Concilio Tridentino, y los guarde y observe como tiene obligación so pena que será castigada con todo rigor. Y en razón de dichos excesos y culpa, condenamos de destierro de este Arzobispado, que los salga a cumplir cuando se le mande, y en veinticuatro escudos aplicaderos para gastos fiscales, y en las costas procesales...".
Los estatutos de La Codoñera de 1691 penalizaban los comportamientos escandalosos de sus vecinos. Si algún vecino " (.....) tubiere alguna nota de escándalo, o, amancebando con alguna mujer cassada viuda o soltera o se averiguare que algún marido consiente que su mujer sea adultera, o, en otro o, que algunos assi hombres como mujeres sean alcahuetes o, alcahuetas de otros y consintieren que en sus casas se cometan actos carnalmente y haviendoles amonestado con secreto y prudencia por los jurados y otros en su nombre no desistieren de su mal estado y en dar mal exemplo y no cessaren de las inquietudes y alborotos y desacatos malos exemplos en los dichos casos puedan los Jurados y Consejo privarlos para siempre de los officios del Pueblo y se les paresciere necesario dessabecinarlos de todos los gozos y ussos y amplios que a los demás vecinos compete".
Aunque situaban a la mujer en un nivel de protección inferior al del hombre, " (.....) que cualquier muger que desmintiere a hombre alguno sin haverle dado ocasión y le dixere palabras injuriosas o riñere con otras mujeres en el horno, lavador u otras partes públicas incurra la que tal dio causa a ello por cada vez de cinco sueldos o una gallina, la qual sirva para el Hospital del Lugar".
Los estatutos castigaban el escándalo por amancebamiento con persona casada, viuda, soltera. Las mujeres acusadas de alcahuetas o que consintiesen en sus casas que se cometieran actos carnales, después de ser amonestados por los jurados, podían verse privadas de los oficios del pueblo y en último caso, ser desavecinadas (deforadas) y privadas de agua, leña, pastos, molinos, hornos y casa y multados con pena de 60 sueldos por lo que usaran cada día. El alcaide Pedro de Sora de Calanda expulsó en 1621 a cuatro mujeres casadas bajo la pena de cien azotes en caso desobediencia, por ser probable de que hubieran practicado en la villa el adulterio o la prostitución. Los casos de amancebamiento representaron el 34% de los delitos juzgados en el siglo XVII por la jurisdicción episcopal de Zaragoza2. Esta situación considerada escandalosa para la moral pero que en muchos casos encubría la necesidad de supervivencia. Los delitos en los que intervinieron hombres y mujeres conjuntamente, están todos relacionados con materia sexual.
Con frecuencia, en aquellos casos en que la mujer era la denunciante no se dictaba sentencia. La víctima se apartaba del proceso, lo que suspendía las actuaciones judiciales, o en otros casos intervenían terceras personas y se intentaba llegar a un acuerdo. A primeros del mes de enero de 1657, Antón Barberán, labrador de Aguaviva, mató "accidentalmente" a su mujer Isabel Ciprés. El asunto fue zanjado a los pocos días por su hermana Jacinta Ciprés y su prima hermana Jacinta Velilla que " cumpliendo con la obligación de buenos cristianos y la Ley de Dios" absolvieron a Antón Barberán y a todos los cómplices de su muerte3.
El 22 de marzo de 1749, Francisca Moliner, mujer moza de de 17 años y vecina de La Codoñera denunció a Joaquín Rayo de Torrecilla, por haber efectuado ademanes y acciones indecorosas contra su persona. El suceso no pasó a más y la denunciante dijo que la perdonaría y retiraría la denuncia contra el agresor que estaba preso, si le daba 16 libras4. Por las injurias verbales vertidas contra la mujer de Joaquín Xisbert, el 7 de marzo de 1780 su marido se querelló contra Francisco Velilla de Andrés. El acusado salió en libertad bajo fianza por orden del alcalde Antonio Cases5.. El suicidio fue la solución extrema a la que ciertas ocasiones optó en un estado de desesperación y desprotección. El 14 de octubre de 1649, entre las 2 y 3 de la tarde, se se halló el cadáver de García Gargallo, viuda de Gerónimo Velilla, ahogada dentro de la balsa de Cáñamo sin presentar heridas ni golpes. El cuerpo fue levantado por orden del Justicia. doctor Thomás Blasco6. Los casos de violencia de género debieron ser relativamente corrientes en una sociedad machista como la de entonces. En ocasiones los maridos se marchaban lejos por motivos diferentes y no se volvía a saber de ellos. Las mujeres abandonadas se convertían en verdaderas viudas de vivos y el problema de vivir cada día.
___________________________
1A.H.P.A., reg. 568, fol.820, notario Jaime Blasco.
2M.I FALCÓN y M.A. MOTIS: Procesos criminales del arzobispado de Zaragoza. D.G.A.
3A.H.P.A., reg. 1.692, notario Francisco Bernia.
4A.H.P.A., reg. 162, fol. 177, notario Manuel Ruiz.
5A.H.P.A., reg. 94, fol.15, notario Francisco Alcober.
6A.H.P.A., reg. 1.756, fol. 51v, notario Francisco Besnia.
Está la discreción de una casada
en amar y servir a su marido
en vivir recogida y recatada,
en retirar la vista y el oído
en enseñar los hijos, cuidadosa,
preciada más de limpia que de hermosa.
( Visión de la mujer como esposa en el siglo de oro)
"Lope de Vega, 1613. La Dama Boba,II. v.225-234".
Artículo publicado en la revista Compromiso y Cultura, número 49
sábado, 27 de octubre de 2018
LOS INFANZONES SISCAR Y SUS PRIVILEGIOS
Los infanzones eran los componentes de la baja nobleza aragonesa, también llamados hijosdalgos o hidalgos. Formaban uno de los cuatro brazos de las Cortes de Aragón junto a los ricoshombres, los eclesiásticos y las universidades. Gozaban de privilegios fiscales: estaban exentos del impuesto de heredades y tampoco debían pagar las peytas por compras de bienes, ni los subsidios, excepto en tiempos de guerra. Sus tierras estaban exentas del pago de cargas fiscales. Poseían un fuero especial que les eximía de la prisión por deudas. Su testimonio tenía mayor fuerza ante los tribunales. El Justicia de Aragón era el Juez único de las causas relativas a los Nobles e Infanzones, pero su sentencia podía apelarse al Rey. Posteriormente esta función se atribuyó a los máximos órganos jurisdiccionales del Reino y a la Audiencia Real. Cuando un infanzón era apremiado por los jueces, autoridades reales, municipales o particulares al pago de pechas, entrega de bienes o la obligación de hacer determinadas acciones de las que estaba exento por su privilegio de infanzonía. Las iurisfirmas comunes o volanderas otorgaban el reconocimiento del derecho a gozar de los Fueros, Leyes y Prerrogativas del Reino y a que nadie se los turbase indebidamente. Obtenida la firma y notificada en forma, quien la infringiera podía ser acusado de "fractor criminalmente".
Los privilegios de los infanzones, aunque respetados por las autoridades concejiles, se debilitaban cuando el lugar sufría estrecheces económicas. El Concejo podía cargarse de deudas en forma de comandas y censales afectando al conjunto de vecinos por lo que no veía con buenos ojos las actitudes insolidarias. Los jurados presionaban a los infanzones amenazándoles con embargar parte de sus propiedades si no pagaban las pechas locales. Ante la pretendida vulneración de sus derechos, la respuesta consistía en presentar a los jurados en acto público ante notario, una hoja volandera emitida por la Corte del Justicia en la que se reconocía su condición de infanzón y sus derechos. Las firmas posesorias de infanzonía prescribían con el transcurso del tiempo; de ahí que el firmante acudiese a la "sobrecarta de firma", que era un procedimiento de renovación de la firma para evitar su prescripción, antes de que perdiese su vigencia.
En La Codoñera, entre los siglos XVI Y XVIII hubo tres familias infanzonas: los Siscar, procedentes de Horta de San Juan, los Ossó venidos de Calaceite y los Pascual. La familia Siscar fue la que dejó una impronta más marcada en nuestro pueblo desde su llegada a finales del siglo XIV. Podemos destacar el notario real Pedro Siscar, el infanzón Francisco Siscar cuyo escudo nobiliario de 1553 está en la calle de las Rocas y al infanzón Jorge Siscar, que en 1725 reconstruyó el molino harinero del Siscar y permitió en 1745 que se construyera la acequia de riego del mismo nombre.
El patrimonio familiar comprendía grandes extensiones de tierra en La Codoñera, Belmonte, Castelserás y Calanda. Algunos de sus miembros fueron vicarios en Torrevelilla y poseedores de beneficios y capellanías fundadas en la iglesia de La Codoñera. En los protocolos notariales se afirma que eran infanzones de La Codoñera. A finales del siglo XVII, la guerra de 1640, la peste de 1651 y las malas cosechas castigaron las economías de los pueblos del Bajo Aragón que se vieron forzadas a pedir continuos créditos. Debido a estas dificultades aumentaron las presiones económicas sobre las clases privilegiadas y en particular, sobre los miembros de la familia Siscar que se vieron forzadas periódicamente a justificar su infanzonía.
En 1651, reunido el Concejo General de La Codoñera con los jurados y el Justicia en las Casas de la Cofradía, Luis Siscar, infanzón , presentó la Jurisfirma de Infanzonía de la Corte del Justicia, sellada, firmada y refrendada en Zaragoza el 18 deferbrero de 1640 cuyo primer nombre es Ludoviti Siscar Infantionis, con sus derechos como infanzón de Aragón, y en señal de reconocimiento "recibieron la firma y la pusieron sobre sus cabezas y se ofrecieron hacer y cumplir lo contenido en ella." El 17 de septiembre de 1663 se expidió en Zaragoza un nuevo documento de infanzonía a favor de Jusepe Luis Siscar y de Juan Siscar, como hijos legítimos del fallecido Luis Siscar. En octubre de 1669 Luis Siscar se vio obligado a enseñar a los jurados del año, Gerónimo Bosque y Blas Senlí, su Carta de Infanzonía cuando fue requerido para el pago de las pechas vecinales. Luis Siscar alegó que como infanzón no estaba obligado"...como jamás en tiempo alguno han pagado ni contribuido por razón de sus personas y bienes muebles sitos en el presente lugar pechas hechas habidas ni compartimientos algunos para las cajas del lugar ni para fin otro sino que antes bien han sido y son libres y exentos de las pagas y contribuciones y han recogido y usado de los frutos resultantes de sus heredades y bienes."
En 1670 los problemas financieros agobiaban al Concejo que poco antes se había visto obligado a firmar una concordia con sus acreedores censalistas y a vender diversos campos para obtener fondos. Luis Siscar fue forzado a pagar una bula del lugar sobre los censales del año que adeudaban todos los vecinos. Al negarse a ello en base a su título de infanzonía se le ejecutaron ciertas heredades. El 12 de junio compareció ante los jurados Juan Paricio y Estevan Soldevilla y del notario Jaime José Blasco, exhibió una firma volandera de infanzonía de la Corte del Justicia de Aragón dada en Zaragoza el 20 de septiembre de 1658 y pidió que se se cumpliera lo dicho en ella, pues de lo contrario protestaría contra los jurados con acciones civiles y criminales. Les entregó una copia que firmaron que la habían visto y respondieron que la obedecerían, con el gesto de ponérsela sobre su cabeza. Pero, poco después, los jurados, contraveniendo lo escrito en el privilegio, publicaron un pregón con "atabal" por los lugares públicos del lugar prohibiendo que nadie entrara ni cogiera frutos en las heredades de Luis Siscar bajo pena de 60 sueldos de multa y 3 días de cárcel por ser tierras del Concejo. El vecindario se alborotó con la noticia, y empezó a gritar " ¡derribémosle la casa" y disfrazados y llevando armas de fuego, por la noche fueron a su casa y masadas y amenazaron a Luis Siscar y sus criados. Después los jurados, acompañados de otros vecinos, fueron a sus viñedos en la Val y le cogieron 10 o 15 cargas de uva que almacenaron en los trujales del Concejo. El 28 de noviembre, otro grupo fue a sus olivares del barranco Çirat, donde se hallaba con sus criados y se llevaron 20 cuartales de olivas y prendieron a su criado Nicolás Zavit al que pusieron grillos en la cárcel acusándolo de ladrón, a pesar de encontrarse enfermo, y al día siguiente lo llevaron a la cárcel de Alcañiz. Según afirmó Luis Siscar, los jurados, en diversas ocasiones habían gritado en la plaza que aunque presentara cien firmas "es amotinador del pueblo".
Otro incidente tuvo lugar con mosén Juan Siscar, vicario de Torrevelilla. El vicario había comprado unos huertos junto al molino de aceite de La Codoñera y había desviado el agua para regarlos. El 28 de junio de 1683 se presentó ante el vicario el procurador Thomas Margelí quien en nombre de los jurados le intimó a quitar los canales que había puesto para regar por el perjuicio que causaba a los regantes situados más abajo y le exigió el pago de la pecha que siempre habían pagado los antiguos propietarios de esos huertos. El mosén se negó a la pecha y lo justificó con la jurisfirma de infanzonía emitida en Zaragoza el 17 de septiembre de 1663 otorgada junto a su hermano Luis como hijos de su padre legítimo el infanzón Luis Siscar. El documento hace una pormenorizada relación de sus derechos fiscales y personales a no sufrir daños en sus heredades, casa, ni sufrir calonias, requisas de ganados, caballos, armas ofensivas y les permite el uso de las mismas en los caminos hasta llegar a las posadas.
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A.H.P.A., reg. 887, fol. 17, notario Jaime José Blasco.
A.H.P.A., reg. 569, fol. 115, notario Jaime José Blasco.
Artículo publicado en el programa de las fiestas patronales de San Cosme y San Damián de septiembre de 2018 y en la revista Compromiso y Cultura nº 46.
sábado, 15 de septiembre de 2018
DERECHOS CONTRA DRAGONADAS
El derecho del Antiguo Régimen contenía muchas normas pactadas entre los diferentes entes territoriales que les permitía disponer de un limitado margen de funcionamiento administrativo y judicial .
Las Concordias establecidas durante el siglo XVII entre Alcañiz y sus barrios fueron objeto de duras negociaciones durante años, que implicaban el pago de determinadas cantidades de dinero. Esto podía dar lugar a situaciones que ahora nos parecen cuanto menos un tanto insolidarias.
En 1646 se hizo una adición a la Concordia de 1624 entre los delegados de Alcañiz y los representantes de Valdealgorfa, La Codoñera, Valjunquera y Torrecilla. En el capítulo 4º se contemplaban los gastos comunes de la villa y sus barrios. Los vecinos estaban obligados a prestar su ayuda para sofocar los incendios producidos en su lugar y término, no estando Alcañiz obligada a ello, aunque pudiera hacerlo de forma voluntaria "como buena madre", tampoco los lugares estaban obligados a la extinción de los fuegos producidos en la villa.
El incumplimiento de las obligaciones por parte de los barrios suponía el apremio de sus bienes muebles inventariados. Con la llegada de los Borbones se redujo el alcance de estos pactos; pero en parte se mantuvieron hasta que se redactaron los nuevos estatutos municipales.Un pequeño ejemplo de la defensa de derechos frente a la imposición de obligaciones, que en su momento se consideraron autoritarias, lo tenemos en la pequeña crisis ocurrida en 1729.
En los meses de enero y febrero de 1729 reinó un frío intenso que duró tres semanas. El corregidor de Alcañiz, ante la escasez de cereales, remitió una carta a los alcaldes y regidores del partido mandando que "...no saquen trigo, arina, pan cocido, ni zebada para los reinos de Cataluña y Valencia...".
Como la resolución fue incumplida de modo reiterado por los pueblos que vendían el trigo sobrante, intervino el Capitán General de Aragón que ordenó al coronel del Regimiento de Caballería de Extremadura, acantonado en Caspe que1:
"Estando prohibida la extracción de granos de este Reyno por la escasez que se padece en él de estar preciso abastos, está mandando a todo el Reyno observen sus corregidores y justicias esta importante disposición, habiéndoseme dado quenta de que los naturales de Valencia y Cataluña se introducen en esse territorio para hazer la saca a los ministros que la embarazan, siendo así que en Valencia y Cataluña es prohibido Sus Nacionales el uso de armas de fuego, se hace preciso para alejarse estos daños prevenir a usted (como lo hago) facilita a este Caballero Corregidor de Alcañiz la asistencia militar que le pidiera a usted del regimiento a su cargo para el dicho fin, la que suministrará usted disponiendo que la partida o partidas que salgan vayan mandadas de buenos oficiales de confianza y cordura. Dios guarde a usted muchos años, como deseo. Zaragoza y marzo, 16 del 1729".
Se hizo un inventario del trigo que poseían los pueblos y del que necesitaban hasta la próxima cosecha.
Los problemas de este año no terminaron aquí. La villa de Alcañiz disfrutaba en sus Bienes de Propios, del derecho del moltura y el uso de batanes, azudes y acequias, y estaba obligada a su edificación y mantenimiento, de modo que al producirse daños por la crecidas de los ríos, sus barrios estaban obligados a contribuir con prestaciones personales. Sin embargo, después de las últimas Concordias entre Alcañiz y sus barrios éstos dejaron de tener que realizar prestaciones a la Ciudad aunque mantuvieron el deber de moler sus granos en los molinos de Alcañiz pagando las molduras. De este modo, cuando la crecidas dañaban los azudes y molinos, ya no participaban en las zofras o trabajos personales. A mediados de octubre de 1729 una crecida del Guadalope rompió los azudes, la Acequia Vieja y la Acequia Nueva y arruinó los cajeros del molino mayor de Alcañiz lo que impedía moler el trigo. El corregidor de Alcañiz por medio de Antonio Pérez Rubín, abogado del corregidor, despachó el día 26 una orden a los lugares exigiendo el envío de trabajadores para reparar los desperfectos. El domingo día 1 debían presentarse los peones señalados llevando su pan, con sus azadas y azadillas, dispuestos para trabajar toda la semana en el azud de la Acequia Vieja del molino del Dezmario de Castelserás y en el Molinillo, a las órdenes de Juan Celma, regidor de Alcañiz. Se responsabilizó a los lugares de los daños por omisión en el cumplimiento de lo ordenado y se exigió para su descargo personal poner el recibido a continuación de la orden. A Valdealgorfa, La Codoñera y Castelserás le fueron asignados 12 trabajadores, a Torrecilla 8 y a Torrevelilla 6, los cuales no cobrarían nada por su trabajo y debían acudir trayendo el pan que comerían y Alcañiz pondría el campanaje 2 y el vino. Valdealgorfa, La Codoñera y Castelserás protestaron y alegaron que no debían contribuir a las reparaciones según los acuerdos de las Concordias y enviaron a sus síndicos a Alcañiz pero el corregidor remitió el día 29 otra carta a los lugares de ponderando los daños sufridos por los molinos y siendo su arreglo " ....preciso y necesario para la utilidad Pública y Servicio del Rey para la manutención de sus tropas que están acuarteladas en este Partido". Exigió el cumplimiento de lo mandado e impuso multas de 15 escudos a cada lugar. El día 30 ordenó la prisión de los regidores de Valdealgorfa y La Codoñera y comisionó a su alguacil mayor, Joseph Sancho, para ejecutar la orden de prisión de los regidores de La Codoñera por su "total desobediencia". Al día siguiente, el alguacil mayor se presentó en Valdealgorfa pero no halló a los dos ediles. El alcalde mayor quedó en lugar con dos guardas, corriendo los gastos a cargo de los dos regidores, Joseph Aguilar y Grabiel Puyo, y la orden de apresarlos en 24 horas para llevarlos a las cárceles reales de Acañiz con multa de 400 escudos y privados de sus oficios, y se les abvirtió que pasado ese plazo, se enviaría un escuadrón de caballería que se alojaría a discreción en la población.
El 3 de noviembre se ordenó al coronel José de Zurbano Pacheco, jefe del Regimiento de Caballería de Extremadura, que enviara un escuadrón de 20 hombres con sus oficiales a Torrecilla, otro a La Codoñera y un tercero a Valdealgorfa, a discreción . Hasta que no presentaran los peones solicitados, los lugares tenían obligación de contribuir con cebada y paja para los caballos y comida para los oficiales y soldados, estando alojados los primeros en las mejores casas, El gasto se pagaría por reparto entre los vecinos y se prohibía su extracción de los fondos de Propios. El envío de dragones (soldados de infantería) para que vivieran a expensas de un lugar, "dragonadas", fue empleado por primera vez Francia en 1681 por Luis XIV para reprimir a los hugonotes franceses. Durante las primeras décadas del reinado de Felipe V se utilizó para castigar a poblaciones y para exigir el cobro de impuestos. Valdealgorfa ya había experimentado las consecuencias de las correrías de los soldados en 1705 y nuevamente en 1715 cuando el 28 de julio los soldados acamparon3 " a discreción" por no haber pagado el tercer y cuarto mes del "quartel" o contribución para su mantenimiento.
Antonio de Urrea, como procurador de los lugares de Valdealgorfa, La Codoñera y Torrecilla apeló en Zaragoza las órdenes dadas por el caballero corregidor de Alcañiz y suplicó la libertad de los ediles. El día 6 de noviembre, los lugares habían proporcionado los peones exigidos4 por lo que no se ejecutó de enviar los soldados. El 17 de diciembre la Ciudad de Alcañiz pagó el salario de los trabajadores que repararon las acequias, a los precios regulares, según cumplimiento del auto dado en Zaragoza el 12 de noviembre. Se exigió la devolución de lo que pudiera haberse cobrado y no se pidió importe de las multas, El auto no menciona la posible liberación de los regidores.
Esta situación evidencia el conflicto entre unos derechos adquiridos por los entes locales frente a una autoridad que hace prevalecer su poder de forma coactiva.
_______________________________________________________________________________(1) A.H.P.Z. Reales Acuerdos. Año 1729, s.f.
(2) El campanaje era un pago en especie.
(3) A.M.V. CD. 1715. Julio 28.
(4) Apelación de las Justicias, Regimientos y Vecinos de los lugares de Valdealgorfa, Codoñera y Torrecilla del Partido de Alcañiz sobre ciertos procedimientos hechos por el Caballero Corregidor de la dicha Ciudad.
Artículo publicado en la revista Compromiso y Cultura nº 45.
sábado, 16 de junio de 2018
ALOJAMIENTOS DE SOLDADOS EN LA CODOÑERA DURANTE LA GUERRA DE SUCESIÓN
Hasta mediados del siglo XIX cuando los ejércitos se desplazaban de un lugar a otro, las poblaciones que se hallaban en su camino estaban obligadas por ley, a aportar sus mulos, carros y carruajes (bagajes) necesarios para el transporte de víveres, leña, armas y comunicaciones militares. En principio, estos gastos eran abonados directamente por el ejército o bien eran descontados posteriormente de las contribuciones y donativos. Si los bagajes no eran populares, la obligación de mantener a las tropas, los llamados alojamientos, era una de las cargas militares que mayor malestar causaba en los pueblos. La Ordenanza del 10 de abril de 1702 exigía el pago de los transportes según la tasa de cada reino. Sin embargo, la interpretación del concepto de tránsito o recorrido, medido en días de desplazamiento de las fuerzas y de los medios de transporte era fuente continua de discusiones. El R.D. de31 de diciembre de 1705 incluyó el derecho a cama entre las especies que debía recibir el soldado dentro de la llamada Contribución por utensilios, junto a la costumbre de dar luz, leña, aceite, vinagre( para relajar los pies después de las largas caminatas), sal y pimienta. En enero de 1706 se intentaron reducir sus efectos impidiendo los abusos, sometiendo a los soldados a la disciplina militar.
El R.D. del 22 de enero de 1708 especificaba que los alojamientos de tropas sólo se aplicarían en las casas de los pecheros y cuando estos no fueran suficientes, se repartirían entre los hijosdalgos y si aún faltaran, se pedirían a los eclesiásticos. A finales de de 1707 una ordenanza del duque de Orleans estableció las raciones y refugios que los Ayuntamientos entregarían a los oficiales y soldados de Infantería y Caballería: "Ración de Oficial y soldados de Infantería: carne, vaca, ó carnero doce onças, de veinte y cinco onças, y una libra y media de pan...una cama completa por cada dos plaças, cubierto, sal, leña y comodidad de fuego", a las que habría que añadir, para el caso de la caballería "una ración de cebada, en la cantidad que se acostumbra". En esta época sólo se suministraba a los soldados el rancho del mediodía, debiéndose arreglar para buscar el desayuno y la cena. Su alimentación básica consistía en salazón(pescado) o carne, legumbres, vino, aceite, vinagre y una ración de 700 gramos diarios de pan de centeno que era elaborado en los hornos portátiles de campaña. La vaca o el carnero, mencionado en las ordenanzas, eran las carnes más baratas destinadas al sustento de los soldados.
Para garantizar el abastecimiento regular de las tropas, independientemente del estado en que se encontraran los pueblos, se firmaron contratas con diversos mercaderes o asentistas encargados de suministrar directamente los víveres al ejército borbónico. Al llegar a un lugar, el jefe de la fuerza o el comisario, se ponía en contacto con el Justicia acreditando el derecho al alojamiento con el documento(itinerario), éste le entregaba las boletas en que figuraba el lugar y número de hombres a alojar en cada casa entre las que se repartían los oficiales y la tropa.
Los soldados necesitaban un alojamiento con cama para dormir, pan para alimentarse, con sus correspondientes cubiertos, vasos y aperos de cocina, vino para beber y leña con la que calentarse. Si las tropas eran de caballería, había que incluir a sus animales, arreglando los pesebres y cuadras, y aportando paja y cebada suficiente.
Cuando las tropas pernoctaban un sólo día, yendo en tránsito, los gastos no eran excesivos, pero si se acuartelaban durante el invierno, podían arruinar a cualquier municipio. Cuando las tropas abandonaban el lugar, la ordenanza exigía que los sargentos mayores de cada regimiento entregaran a los justicias y jurados un albarán con todos los productos recibidos para poder resarcir a los Ayuntamientos de los gastos ocasionados por las tropas. La realidad era mucho más compleja y conocida por las autoridades borbónicas que, aunque condenaban los abusos los mantuvieron.
El 13 de marzo de 1706 llegó Felipe V a Alcañiz y a Caspe al día siguiente, donde se reunió con el ejército que emprendió el camino de Barcelona. En La Codoñera se alojaron parte de los soldados franceses, uno de los cuales fue muerto por mano de Esteban Soldevilla cuando se hallaba en su casa. Aunque quedó preso en la cárcel, el general Tessé amenazó con derribar su casa y talar sus olivos amenazando con castigar a su mujer si no se reparaba el daño. El Concejo de La Codoñera, presidido por los jurados del año, Juan Senlí y Josph Cases de Sebastián y la asistencia de 14 consejeros, presionó a su cuñado Cosme Bondía para que firmara una comanda por la que se obligaba a pagar 14 doblones de indemnización.
Del 3 al 14 de noviembre de 1708 se establecieron en La Codoñera cuatro compañías del regimiento de caballería del Marqués de Lanzarote, al mando del Marqués de Villalegre, teniente coronel de dicho regimiento y de los capitanes Martín Añon, Pedro Manglano y Felipe Queres, que exigieron el suministro de de 1.540 raciones de pan, vino y carne. Durante la noche del 16 de noviembre de 1708 pernoctaron en Torecilla tres batallones, uno de artillería y los otros dos del regimiento del Caballero de Sars, brigadier y comandante de los mismos, a los cuales se les suministraron 800 raciones de pan de 32 onzas la ración, 200 raciones de cebada y 300 raciones de vino y carne. Otra compañía del regimiento de Lanzarote compuesta por 30 soldados del capitán Antonio Armendia se alojó en La Codoñera desde el 3 de noviembre hasta el 3 de junio de 1709 y exigió la entrega de 1.980 raciones de pan y otras tantas de de pan y vino, negándose a extender el pertinente recibo a pesar de habérselo pedido el alcalde. Para el pago de dichas raciones se tuvieron que pedir 4.000 reales de plata a José Ballester, vicario de Ciruega, que serían devueltos con lo obtenido por el cobro de las 6 libras de aceite por cada molada de aceitunas durante las cosechas de 1710 a 1714.
Del 27 al 29 de noviembre se estableció en La Codoñera el 2º batallón de Guardias Valonas al mando del barón de Piltré, subordinado del anterior al que se abasteció con 1.165 raciones de pan, 50 raciones de cebada, 1.160 raciones de carne y otras tantas de vino.
El 1 de junio de 1709, los alcaldes de La Codoñera, Miguel Araguat y Gerónimo Blasco y el depositario de los bienes, Pedro Sobradell, practicaron un registro notarial en el que anotaron el gasto tenido en los suministros y los pusieron a disposición de los comandantes de los batallones de los batallones por si querían pedir justificación. El 6 de noviembre de ese mismo año tuvo que reunirse el Concejo para tratar los problemas que causaban los oficiales y soldados que estaban en el pueblo, con los excesos y malos tratos acontecidos en las casas en que se hallaban alojados, y resolver el problema del dinero que se necesitaba para pagar a los oficiales.
Los hechos narrados podrían aplicarse a cualquiera de los pueblos de nuestro entorno sin que en los mismos se produjeran hechos bélicos, en caso contrario, el saqueo y pillaje estaban asegurados.
Artículo publicado en la revista Compromiso y Cultura del nº 35, y en el programa de las fiestas patronales de San Cosme y San Damián en septiembre de 2017.
domingo, 18 de junio de 2017
VILLAZGO DE LA CODOÑERA. NOTAS DE UN VIAJE A MADRID EN 1776
En el mes de agosto de 1776 una comisión de vecinos de La Codoñera se trasladó a Madrid para realizar las últimas gestiones que debían conducir a la obtención del Real Privilegio de Villazgo. De este viaje disponemos de unas hojas manuscritas del recorrido realizado y de los gastos habidos debido a que, años más tarde, se denunciaron ante la Audiencia las excesivas derramas que se cargaron a los vecinos para lograr el título de Villa.
Los viajeros utilizaron el Camino General de Ruedas de Madrid a Barcelona, un camino ancho por el que podían circular los vehículos de ruedas, jalonado por ventas de buena calidad en las que se podía alojar para descansar en las horas del mediodía y pasar la noche. La distancia hasta Zaragoza era de 52 leguas, equivalentes a 290 km, que se cubrían en seis días de marcha. Este mismo itinerario fue utilizado por los monarcas españoles en febrero de 1585 por Felipe II, en abril de 1677 por Carlos II y en septiembre de 1701 por Felipe V. Los viajeros dispusieron caballerías pues en los documentos consta el pago del forraje en las ventas y posadas en que se alojaron. Antes de iniciar cada etapa, comprobaban parte de los víveres que precisaban y que completaban con los que hubiera en la venta donde les preparaban la comida.
Domingo 11 de agosto de 1776. Los viajeros salieron por la Puerta de Alcalá que en esas fechas estaba en construcción (1769-1778). A una legua de distancia, tras remontar una cuesta, se pasaba junto a los hermosos jardines de los duques de Osuna (actual Alameda de Osuna ) y por el lugar de Canillejas de Abajo, atravesando el famoso puente de Viveros sobre el Jarama, construido en 1569 y ampliado entre 1772 y 1776 por Carlos III. Continuaron por la izquierda de la villa de Torrejón de Ardoz, a una legua de distancia se cruzaban los arroyos de Torete y de Camarmilla, muy peligrosos por sus rápidas crecidas, y continuaron para descansar en una posada de Alcalá de Henares a 6 leguas de Madrid. Tomaron pan, almendras, pasas, aceite y vinagre por un importe de 2 pesos 4 reales 17 dineros, incluyendo el precio de las camas.
Lunes día 12. El camino iba por una amplia llanura seca y desprovista de árboles hacia la venta de San Juan. A una hora de marcha se llegaba a la Venta de Meco, donde había una casa de postas, se vadeaba luego el río Henares por un puente que fue destruido por una riada en 1757, entrando en la provincia de Guadalajara para llegar al mediodía a Guadalajara, a 10 leguas de Madrid. Aquí almorzaron pan, vino, garbanzos, huevos y pidieron un cuarto, el importe del gasto fue de 1 peso 5 reales 26 dineros. De nuevo en marcha, el camino iniciaba un suave y largo ascenso atravesando la villa de Taracena y el lugar de Valdenoches ( este trazado fue mejorado entre 1787 y 1790 )donde aumentaba la pendiente del camino hasta llegar a la villa de Torija con su imponente fortaleza. Cenaron carne, vino, volados, pan, y alquilaron camas en la posada por un precio de 3 pesos, 1 real y 3 dineros.
Martes día 13. Salieron de Torija hacia la villa de Trijueque, importante población triguera. A partir de aquí el camino empeoraba un poco. Después de cruzar el lugar de Grajanejos, situado en una hondonada, llegaron al mediodía a la Venta del Puñal (actual pueblo de Ledanca donde se hallaba la Venta del Anca ). En la venta pidieron un cuarto y almorzaron carne, una gallina, pan y tomaron vino por 2 pesos 5 reales 20 dineros. Continuaron por Almadrones para dormir en la villa Algora, ya en La Alcarria. La cena consistió en pan, vino y huevos, que junto conel precio de las camas y del cuarto les supuso un gasto de 2 pesos 6 reales 8 dineros.
Miércoles día 14. A una legua de marcha de Algora, se llegaba a la villa de Torremocha de Campo, entrando en la provincia de Soria. Superado el lugar de Alcolea del Pinar, a 22,5 leguas de Madrid y 1.000 metros de altitud, pararon al mediodía en la Venta del Gorro donde el cuarto y el vino les costó 1 peso. Continuaron luego por una amplia llanura sin árboles y poco cultivada hacia Aguilarejo y Maranchón, cuyos terrenos calcáreos les recordarían a la sierra de Torrevelilla, con los abundantes fósiles que llamaron la atención de los estudiosos del siglo XVIII. En este punto confluía la carretera de Calatayud. Pararon a dormir en la pedanía de Turmiel. Cenaron una gallina, pan, vino, y con la cama y el cuarto gastaron 2 pesos 3 reales 9 dineros.
Jueves día 15. Por Clares y Balbacil atravesaron el río Gallinera por un puente y continuaron por un paso, que en aquellas fechas se hallaba expuesto a los asaltos de ladrones, hacia Anchuela del Campo, cruzaron las cristalinas aguas del río Mesa, siguiendo hacia las aldeas de Concha y Tartanedo para descansar al mediodía en el pequeño pueblo de Tortuera, en el valle con pastizales y rico en mármol, donde almorzaron por 1 peso 3 reales, huevos, vino, habas, pan, leche, aceite y el alquiler de un cuarto. El camino prosiguió por Embid del Marqués, último pueblo de Castilla, atravesando una llanura en parte cultivada y en parte cubierta de vegetación arbustiva, que en esa época era abundante en ganados. Pasado el puente sobre el río de Embid se entraba en el Reino de Aragón, donde antiguamente unos mojones de piedra marcaban los límites de ambos reinos. Después de la ermita de Santo Domingo llegaron al lugar de Used, primer pueblo de Aragón y antigua aduana, a 37 leguas de Madrid. En esta población había numerosas ventas, entre las que se contaba la Venta de los Cabezuelos. Pasaron la noche en una de las posadas donde dispusieron de un cuarto con camas y tomaron vino, miel, leche por un importe de 2 pesos 3 reales 6 dineros.
Viernes día 16. Desde Used y la Venta del Puerto, el camino descendía penosamente durante una legua hasta que se cruzaba por un puente el río Daroca y se llegaba a la población del mismo nombre en la cual residía el corregidor, adornada de jardines, huertas y frutales. Pasaron el tiempo justo para comprar 42 panes, lechuga y cebollas por un importe de 3 reales 24 dineros. Después del descanso retomaron un camino que ascendía abruptamente hacia el puerto de Retascón y al mediodía llegaron al lugar de Maynar, emplazada en un llanura famosa por sus nabos. Aquí gastaron 1 peso en tomar huevos, vino y un cuarto. Desde Maynar podrían haberse encaminado directamente hacia Alcañiz por Herrera de los Navarros, Azuara, Belchite, atravesando el río de Almonacid hacia Codo, Samper y Alcañiz. Sin embargo, los viajeros se desviaron hacia Zaragoza, cruzando el río Huerva y tras un duro ascenso de hora y media coronaron el puerto de Cariñena también llamado San Martín. Tras otra hora y media de descenso durante una legua de marcha, cruzaron una llanura de olivos y viñedos que les condujo hasta Cariñena, famosa por su producción de vino garnacha. Aquí cenaron carne, una perdiz, y tomaron vino, luego pidieron un cuarto y camas, todo lo cual les representó un gasto de 2 pesos 5 reales 24 dineros.
Sábado día 17. Por el pueblo de Longares cruzaron el monte de Torrubia, atravesando un paso que amedrentaba a los caminantes por los frecuentes asaltos de los ladrones, para llegar al lugar de Muel, reconocida entonces por su cerámica. Tras coronar las penosas cuestas de la Muela, al mediodía llegaron a María, a dos leguas y media de Zaragoza. En este lugar tomaron pan, vino, leche, miel huevos y pidieron un cuarto por un precio de 1 peso 3 reales 11 dineros. Reanudada la marcha, pasaron por las ventas de la Molinera, del Avejar y la Casa Blanca, siguieron por la huerta del río Huerva y entraron en Zaragoza por la puerta del Carmen. En la ciudad cumplimentaron algunos trámites burocráticos, descansando dos días en la posada, teniendo un gasto de en comidas y alquiler de la habitación de 6 pesos 5 reales y 24 dineros. Antes de abandonar la ciudad compraron pan y vino por valor de 3 reales.
Martes día 20. Tomaron el camino hacia Alcañiz pasando junto al edificio de La Cartuja, y del pueblo del Burgo de Ebro hacia Fuentes de Ebro donde pasaron la noche. Cenaron huevos, volados y bizcocho. Con el precio de las camas el gasto fue de 2 pesos 4 dineros.
Miércoles día 21. Al pasar Quinto, compraron pan, bizcocho y aguardiente, gastando 2 reales 13 dineros. Al mediodía comieron en la Venta de Riban o quizás en la de los Ángeles, frente al pueblo de Velilla. Comieron una gallina, pescado, huevos, pan y vino, lo que les costó 1 peso 5 reales. Pasaron la noche en Samper de Calanda. Cenaron bizcochos, garbanzos y un pollo, carne, pan, ensalada, vino, que con el importe de las camas y de un cuarto les costó 3 pesos.
Jueves día 22. Desde Samper por Alcañiz a La Codoñera.
En este viaje los caminantes recorrieron 371 km, empleando seis días para llegar a Zaragoza, dos días de descanso en esta capital y luego otros dos días para llegar a La Codoñera. El coste del viaje fue de 32 pesos 18 reales 17 dineros. Cada día caminaron una media de 6 a 7 leguas ( entre 33 y 38 km, una mitad se realizaba por la mañana, se descansaba al mediodía en una posada, teniendo en cuenta que el viaje se hizo en el mes de agosto, y se caminaba una distancia equivalente por la tarde.
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