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Durante la Guerra Civil, ambos bandos militarizaron a los empleados de Obras Públicas mediante bandos y decretos. El transporte de tropas y material de guerra exigía un mantenimiento constante de carreteras, que se deteriaoraban rápidamente debido al intenso tráfico. Por este motivo, las casillas, además de ser viviendas de mantenimiento de la carretera, se convirtieron en infrasestructuras militares de carácter estratégico.
Los controles de vehículos y personas muchas veces tenían lugar en las casillas. La situada en las Ventas de Valdealgorfa se convirtió en un punto de control a cargo de las milicias anarquistas. Allí se exigían salvoconductos sellados por el Comité Antifascista de Alcañiz, y quienes carecían de ellos eran retenidos temporalmente en la propia casilla, que funcionaba como calabozo. Sus fachadas encaladas, marcadas con grandes siglas (CNT, FAI, UHP), delimitaban visualmente el territorio ideológico para quienes circulaban por la carretera.
La casilla más cercana a Alcañiz, al inicio de la subida hacia Valdealgorfa, desempeñó un papel humanitario durante el bombardeo de la ciudad el 3 de marzo de 1938, socorriendo a quienes huían aterrados de Alcañiz. Tras la ruptura del frente por las tropas franquistas, el 9 de marzo de 1938, el ejército republicano se desmoronó. Miles de soldados y civiles intentaron huir hacia la costa por las carreteras de Gandesa y Tortosa. Sin embargo, los camiones viejos y sobrecargados, se atascaban con frecuencia en las cuestas entre Alcañiz y Santa Bárbara de Valdealgorfa, convirtiendo la carretera en una auténtica ratonera. En las cunetas próximas quedaron abandonados perchechos, maletas y vehículos averiados durante la desesperada huida ante la inminente llegada de tropas franquistas a Alcañiz. Igualmente, el intenso de transportes militares era motivo del continuo desgaste del firme de la carretera, tarea en en la que el trabajo de los peones camineros resultó imprescindible. Las casillas de Las Horcas y al pie de Santa Bárbara de Valdealgorfa sirvieron temporalmente como puestos de mando avanzados de la división republicana de Líster. En la primera de ellas, el general Rojo se entrevistó con Lister la noche del 13 al 14 de marzo de 1938, y desde allí oyeron el repique de campanas de Alcañiz con el que las tropas italianas anunciaban la toma de la ciudad.
Los oficiales italianos también utilizaron varias casillas como puestos de mando. Al contar con chimenea y muros, resultaban más adecuadas que las tiendas de campaña. Así, la del kilómetro 121,4 de la carretera de Morella, situada después del cruce de Torrecilla, fue el puesto de mando de la brigada italiana de Flechas Negras a finales de marzo, durante su avance hacia el Matarraña.
Por ser construcciones sólidas, con muros de manpostería y cubierta de teja, aisladas y estratégicamente situadas, las casillas fueron puntos de resistencia. Las casillas de Las Horcas y Santa Bárbara fueron escenario de intensos combates entre las tropas italianas y la división de Lister. Muchas quedaron tan dañadas que nunca llegaron a ser reconstruidas. Debido a su aislamiento, las casillas y otras obras de fábrica se utilizaron para ocultar munición. Años después del conflicto, era frecuente encontrar restos del material bélico en los patios traseros de estas edificaciones.
Tras el final de la guerra en 1939, los peones camineros fueron sometidos a expedientes de depueración por el nuevo régimen franquista. Si un caminero había continuado ejerciendo su labor durante la guerra en el bando republicano, a menudo era sancionado, trasladado forzosamente a otra provincia o expulsado del cuerpo, perdiendo con ello su vivienda. Muchos peones camineros no pudieron regresar a sus destinos y otros no quisieron hacerlo debido a la inseguridad generada tras el final de la Segunda Guerra Mundial, con la aparición de la guerrilla del maquis. El asesinato del peón caminero de la casilla de la Val de Luna en 1947, a manos de la guerrilla, junto con las duras medidas adoptadas por el general Pizarro para acabar con ella (entre ellas, la obligación de abandonar las casillas durante la noche), supusieron un golpe del que el sistema ya no se recuperaría. El proceso de declive se prolongó lentamente hasta la década de 1960, cuando se reorganizaron los equipos de consevación y se reconstruyeron los Parques de Maquinaria de la Zona.
Artículo publicado en la revista Compromiso y Cultura nº 135